Saltar al contenido

Leyes, estereotipos y sálvese quien pueda

por
Rocío Carranza

Atlixco, PueblaLa llamada Ley Arizona ha sido el tema en muchos ámbitos, no sólo políticos, pues para todos los que tenemos algún conocido o familiar de ilegal en Estados Unidos éste es un tópico común. Esta ley intenta ponerle fin (?) a la inmigración ilegal en el estado de Arizona. Sin embargo, no deja de llamar la atención porque parece increíble que a estas alturas del siglo XXI, un país que se hace llamar globalizado elabore leyes que prohíban el tránsito y alojamiento de grupos inmigrantes. Ser global para los demás, pero ¿nunca para esa nación?

Mucho se ha criticado el tomar como señal de acción la apariencia de las personas, pues toda aquella que tenga pinta de ser hispano o mexicano es candidata a ser detenida, interrogada, incluso revisada. Esto, por supuesto, dispara la crítica al racismo que, a pesar de los aparentes esfuerzos, caracteriza a Estados Unidos. De aprobarse, la policía tendría el derecho a detener a cualquiera que le pareciera sospechoso, sin necesidad de dar explicaciones porque, sobre todo, está actuando conforme a la ley.

¿Es injusta y aterradora esta iniciativa? Por supuesto, pero a mí me daría más miedo si la policía de Arizona fuera como la mexicana, pues ya sabemos cómo trabaja ésta. Sin embargo, no dejo de pensar que muchos integrantes de las instituciones de seguridad en el sur de EU son descendientes de mexicanos. Es aquí donde entra mi disertación, más implacable que la mismísima Brewer es otro mexicano.

Durante el tiempo que estuve en Estados Unidos entrevistando mexicanos para una investigación, no dejó de llamar mi atención lo racistas que son los mismos paisanos. La mayoría tiene la opinión de que los inmigrantes centroamericanos que pasan por México para ir a EU son criminales. Yo les preguntaba si estaban seguros de que todos eran así, me respondían que no, pero que la mayoría seguramente sí. Para muchos, los inmigrantes centro y sudamericanos que se quedan en México sólo producen vandalismo, inseguridad, quitan empleos y se aprovechan de los beneficios que pudiera otorgar el país a los propios nativos. ¿Suena conocido el discurso? Entonces, siguiendo este razonamiento, la clave es cerrarles el paso y, además, expulsar a los que están aquí, ¿con la vara que mides serás medido?

Seguramente muchos otros paisanos en otros estados de aquel país han de estar preocupados, pero tal vez no porque en esos lugares se vaya a implantar la misma ley, sino por la llegada del posible éxodo que una acción así provocará. Esto implica que habrá más competencia laboral (incluso cuando las condiciones de trabajo sean pésimas) para los ya establecidos en otros lugares; por tanto, no es muy conveniente que los que estaban en Arizona se muden fuera de ahí. Como es de conocimiento popular, un mexicano tapa a otro mexicano y no lo deja avanzar.

En México, esto no nos preocupa (en ese mismo sentido), veamos tan sólo a nuestras autoridades que no han movido ni un dedo, menos han abierto la boca para protestar; claro, nuestros connacionales no se fueron para regresar por un problemita así, es de miedo la política que quieren adoptar en Arizona, pero más terror les da morir de hambre o no avanzar para ningún sitio; fallecer en la búsqueda de una oportunidad de trabajo aunque sea temporal o subsistir apenas con los salarios tan castigados y desproporcionados en este país de contrastes.

Los boicots que han anunciado otras ciudades como Los Ángeles o San Francisco podrían estar ayudando a Arizona a deshacerse de todos esos indeseables, pues todas esas empresas que brindan servicios de todo tipo tienen contratados (aunque no quieran admitirlo) a mexicanos legales e ilegales o con papeles falsos. Por supuesto que cuando leí que Aeromexico estaba planeando cancelar sus vuelos a Arizona me dio gusto; sin embargo, pensándolo bien, esto no creo que ayude a todos esos mexicanos. Puede ser, entonces, que con estas medidas, la ley a final de cuentas no sea necesaria, pues ya no habrá más inmigrantes a quienes deportar.

Ahora bien, con respecto a la prohibición de la enseñanza de contenidos culturales ajenos a la cultura anglo, la gente también ha alzado la voz en señal de protesta. Muchos mexicanos, principalmente los que desde siempre han vivido en su tierra antes de que esa porción ya no perteneciera a México, mantienen bien arraigadas sus costumbres y su herencia histórica y cultural, pero, seamos realistas, no todos mantienen eso vigente. La mayoría se aferra a su religión y festividades, pero actúa básicamente desde el marco de la cultura dominante. Es terrible que el gobierno les impida mantener vivas sus raíces, que les prohíba reproducir su historia, como se manifiesta en una ley adicional, pero también lo es que en otros lugares donde se permite y brinda educación bilingüe (por lo menos) para mantener su lengua materna viva, los mismos mexicanos la rechacen, porque eso significa atraso. Por fin, ¿no que el problema es que no les dejan mantener su lengua y cultura en un país anglo?

Por supuesto, mi intención no es defender tan indignante ley, pero es justo ser objetivos al juzgar las causas y consecuencias que dicha acción ocasionaría, por lo que sugiero analizar bien todos los aspectos antes de dar un veredicto final, que puede ser más injusto que la misma ley. No soy experta en temas internacionales, pero he visto y sentido en carne propia el ambiente que se gesta en un contexto como éste, por lo que me atrevo a exponer mi punto de vista.

La ley SB 1070, sin embargo, puede ser una oportunidad para los millones de inmigrantes ilegales en EU, pues si un estado ya abrió la puerta (sin tener siquiera autoridad constitucional para aprobar una ley sobre este tema), puede ser que el Presidente de ese país comience a pensar, ahora sí, seriamente en una reforma o posible solución al problema que no desaparecerá nunca. ¿Será suficiente esto? ¿Les parecerá suficiente a los mexicanos esto? El tiempo, como siempre, nos lo dirá.